La captura de Nicolás Maduro desató una tormenta política internacional sin precedentes. Mientras algunos países celebran el hecho como el fin de un régimen autoritario, otros lo califican como una agresión inadmisible. El mundo quedó dividido y la crisis venezolana pasó a ser un conflicto de alcance global.

La detención de Nicolás Maduro no solo sacudió a Venezuela, sino que provocó una fractura inmediata en la comunidad internacional, evidenciando dos bloques claramente enfrentados frente al futuro del país y el uso de la fuerza como herramienta política.
Por un lado, Estados Unidos defendió la operación y aseguró que Maduro deberá responder ante la justicia por delitos de extrema gravedad, calificando la captura como un golpe directo contra el narcotráfico y el crimen organizado. En la misma línea, Argentina, bajo el liderazgo de Javier Milei, respaldó la acción y la interpretó como un paso hacia la libertad y el fin de una dictadura.
A estas voces se sumaron sectores de la oposición venezolana, encabezados por María Corina Machado, quien afirmó que se abre una nueva etapa histórica y pidió respaldo internacional para una transición democrática inmediata.
En contraste, Rusia reaccionó con dureza, calificando la captura como una agresión armada y una violación del derecho internacional. China, aunque con un tono más prudente, rechazó la intervención extranjera y pidió respeto por la soberanía de los Estados, evitando respaldar de manera directa la operación militar.
En América Latina, el escenario también quedó dividido. Brasil y Chile expresaron su preocupación por el uso de la fuerza y alertaron sobre los riesgos de una escalada regional. Cuba e Irán condenaron abiertamente la captura y denunciaron lo ocurrido como un ataque ilegal contra un gobierno soberano.
Desde Colombia, el presidente Gustavo Petro tomó distancia de la operación militar y advirtió que este tipo de acciones no conducen a la paz ni a la estabilidad regional. El mandatario colombiano rechazó la intervención extranjera y llamó a privilegiar el diálogo, alertando además sobre las consecuencias humanitarias y migratorias que podría enfrentar la región, especialmente en la frontera colombo-venezolana.
Petro pidió la activación de escenarios diplomáticos internacionales y el respeto al derecho internacional, postura que generó reacciones encontradas en el país, donde sectores políticos lo acusan de tibieza, mientras otros respaldan su llamado a evitar una guerra regional.
Desde organismos multilaterales, la ONU y la Unión Europea hicieron llamados urgentes a la calma y al respeto por la legalidad internacional, advirtiendo que el conflicto podría escalar con consecuencias imprevisibles.
Mientras tanto, la opinión pública mundial permanece dividida: unos celebran la caída de Maduro como el fin de una era oscura, otros temen que la intervención extranjera abra la puerta a un nuevo periodo de inestabilidad en América Latina.
Lo cierto es que la captura de Nicolás Maduro reconfiguró el mapa político internacional, dejó aliados enfrentados, discursos cruzados y un futuro incierto para Venezuela y la región.
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