El aumento del salario mínimo decretado por el Gobierno encendió una feroz confrontación en el Senado, donde oficialistas y oposición chocan sin tregua entre celebraciones por la “justicia social” y alarmas por una posible debacle económica.

Imagen de referencia. Fuente: Senado de la República / X
Bogotá vive un nuevo episodio de alta tensión política. El incremento del salario mínimo, anunciado como uno de los más altos de los últimos años, provocó una división profunda en el Senado de la República, convirtiendo el debate en un escenario de acusaciones, discursos incendiarios y advertencias dramáticas sobre el futuro económico del país.
Desde las bancadas afines al Gobierno, varios senadores defendieron la medida como un triunfo histórico para la clase trabajadora, asegurando que el nuevo salario permitirá enfrentar el alto costo de vida y reducir la brecha social. Para estos sectores, el aumento representa una decisión valiente que pone al trabajador en el centro de la política pública.
Sin embargo, la oposición reaccionó con dureza. Senadores críticos calificaron el incremento como una decisión improvisada y peligrosa, advirtiendo que podría traducirse en inflación, cierre de empresas y pérdida de empleos. “Es una receta para el desastre”, señalaron algunos congresistas, quienes aseguran que el impacto real se sentirá en los bolsillos de los colombianos en los próximos meses.
El cruce de señalamientos elevó el tono del debate, con acusaciones de populismo, irresponsabilidad fiscal y uso político del salario mínimo. Mientras tanto, el Gobierno insiste en que la medida es sostenible y necesaria para garantizar condiciones de vida dignas.
En medio de esta batalla política sin precedentes, el país permanece atento. El salario sube, pero la pregunta sigue en el aire: ¿alivio para millones o chispa de una nueva crisis económica?

